MI LATA MÁGICA


¡Cuentan que cuentan! Yo no estuve, pero me contaron…

Moly, un niño que va a cumplir los doce años; pero cuando apenas tenía cinco algo le cambio la vida.  

Él vivía con su madre en las afueras de Nínive, una gran ciudad a la que baña el sol con sus destellos y sin duda alguna refleja la belleza de sus montañas y ríos.

Esta pequeña familia era demasiadamente pobre, de ahí que el esfuerzo que hacia su madre labrando la tierra no les abastecía para comer adecuadamente.

Una noche, mientras Moly dormía plácidamente, un pavoroso llanto lo despierta con rudeza, sin duda alguna es su madre quien yerra en un mar de lágrimas, pues un terrible fallo inunda la habitación y Moly al acercarse sin intención escucha las bruscas palabras que componen una cruel decisión, el ser que amaba pretendía regalarlo en las calles céntricas de la ciudad.

A la mañana siguiente, apenas el sol lanzaba sus primeros rayos sobre el campo, Moly partió solo y triste por las praderas llenas de flores primaverales.

Caminó y caminó sin rumbo alguno por muchas horas, cuando se acercó la noche Moly se acurrucó junto a las raíces de un viejo árbol y allí descansó con las mantas de miedo y frío.

Al amanecer continuó con su arriesgado viaje, el sol le miraba fijamente desde lo alto y como fórmula perfecta con el hambre lo desgastaban poco a poco, pero continuó.

Casi sin fuerzas Moly se apegó a un riachuelo para beber un poco de agua y mientras bebía logra ver un fuerte destello que recorría la corriente cristalina de agua; con asombro y lleno de curiosidad buscó el origen de tan hermoso destello que en momentos emanaba un gigantesco arco iris a los cielos.

Luego de buscar por varios minutos, se encontró con una lata en el fondo del riachuelo, y como si fuera poco de su interior salía aquel hermoso destello que había visto; Moly tomó aquella lata e intento sacarla, de modo que al romper la superficie cristalina de agua los cielos retumbaron enérgicamente.

Fuera del agua el objeto perdió su destello, sin embargo, conservaba una revestidura dorada en su interior; decepcionado por lo sucedido y sujetando la lata en su mano se dijo así mismo:

- “¿desearía tener algo de comer?” … Terminada la frase y entre nieblas surgieron deliciosos platos, sin titubear se acercó los tomo y empezó a calmar su hambre.

Al instante de tan exquisito banquete Moly reposaba sobre las delicadas hojas caídas de un nogal; en esos momentos se acordó de su madre y la angustia lo inundó, de inmediato tomo su lata mágica, cerró los ojos y deseó con todo el corazón regresar junto a su madre.

Al abrir sus ojos Moly se encontraba muy cerca de casa, corrió en busca de su madre y al andar por la casa la encontró en la habitación, ella estaba muy enferma, pues la tristeza de haber perdido a su único hijo la estaba consumiendo.

Moly la miro y con ansiedad se lanzó sobre ella, sujeto la lata con sus dos manos, cerró los ojos y deseó que fuesen felices él y su madre; a continuación de lo dicho el cielo nuevamente retumbo enérgicamente y hasta darse en cuenta su deseo se cumplió, la lata desapareció dejando a Moly feliz junto a su mamá.

 Dios nos permite sacar nuestra mayor victoria de una serie de desgracias, y para ello se debe ser constante en la lucha por nuestros anhelos.

Comentarios